Better Call Saul: Piloto

Hace casi un par de años que abandonamos Alburquerque y Breaking Bad. Un par de años que se no han hecho eternos, a sabiendas de que existía un proyecto de retomar esa esencia, ese aroma que Vince Gilligan y Peter Gould nos mostraron y enseñaron a amar con su creación. Sabíamos de la existencia de Better Call Saul, sabíamos que teníamos miedo a lo que nos esperaba, aunque tal vez miedo no sea la palabra, más bien respeto, Intranquilidad, porque un spin-off crea esa sensación. ¿Para qué tocar algo tan bonito y cerrado como la magistral Breaking Bad? Pues para demostrarnos, una vez más, que estos señores que crearon una de las mejores transmutaciones del perdedor al todopoderoso lo han vuelto a conseguir.

Better Call Saul funciona de principio a fin. Un principio descomunal que nos sitúa con la acción y el personaje de Saul Goodman, que no debemos de olvidar de dónde viene, y que la serie transcurre seis años antes de cruzarse con Heisenberg. Y un final que nos lleva a pensar en el futuro glorioso que le espera a Jimmy McGill, una vez dé el paso definitivo para convertirse en ese abogado vende humos de comerciales infumables con un gran punch, “Better Call Saul!”. Es en este cambio de rol en el que se centra, o centrará la primera temporada, pues ya está firmada una segunda cuando ni siquiera se había estrenado.

Gracias a Movistar Series he podido disfrutar en el cine (sí en el cine, porque no solo las películas tienen cabida en las salas) del estreno del primer episodio. Claro está que todos los que allá por 2008 comenzamos a ver las peripecias de Walter White buscábamos ávidos las referencias a Breaking Bad, y las hay, vaya que si las hay. Digamos que, para evitar spoilers, lo mejor que nos va a pasar al ver Better Call Saul, es el reconocer la realización tan característica de su predecesora. Los planos, POV shots, movimientos de cámara, el color, el tono, el humor tan negro que no parece casi humor, sino un breve respiro para volver a llenar los pulmones y prepararse para la siguiente desgracia. Aunque sin duda, lo mejor de la serie es que funciona por sí misma, no es necesario haber visto Breaking Bad para disfrutar de una serie con palabras mayores  y en fuente Brush Script.

El pequeño McGill es un perdedor y Bob Odenkirk lo clava, porque ya nos lo creíamos en su momento. Saul Goodman era todo fachada, y ahí está el paso previo, el ninguneo a la persona, al trabajador, al timador que a base de labia intenta lo habido y por haber para flotar entre la miseria de la que se rodea (¡esa nevera!).

Jimmy tiene los modelos, los intenta copiar y no le funciona, eso no va con él. Con él van los detalles que el destino le va deparando, las señales que le marcan e camino, y como es un oportunista (los peores) las va a coger para llegar a ser lo que otrora vimos acabar hace cerca de dos años.

Como decían en el programa aquel, ¡Jimmy McGill entra en el cambiador y sale Saul Goodman!

En cuanto vea el segundo episodio, emitido ayer lunes, lo comento.

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Publicado por

israelvlopez

Un clásico, me gustan las series, vi Twin Peaks siendo casi un bebé, me pasé la adolescencia enganchado al Plus gracias a Friends, en House encontré la acidez que me caracteriza y Breaking Bad me parece una obra maestra. Devoro patatas fritas y gané en Spoiler disfrazado de Sherlock, lo típico.

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